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Jujuy y La Rioja lideran el camino en la nueva industria del cannabis

En la Argentina, el tema ya está en agenda. El camino lo inició el gobierno anterior con la promulgación de una tibia ley 27.350 y lo continúa el gobierno actual, que avanza a paso firme en una legislación que permita el autocultivo regulado y la explotación industrial. La Rioja y Jujuy son dos provincias pioneras y a través de distintos actores locales, cuentan en detalle sus proyectos a Hemp.

Benjamín Enrici es oriundo de la provincia de Córdoba, de la localidad de Almafuerte, y desembarcó en la localidad de Chilecito para estudiar ingeniería agronómica, “porque los cultivos que aquí se hacen (vid, olivo, nogal) me despertaban mayor interés que los monocultivos de cereales que se hacen en mi provincia natal”, reconoce.

“Una iniciativa que aporta autogestión económica e ingresos de dólares a la provincia”

Tras recibirse, Enrici comenzó a redactar un proyecto sobre la creación de un centro de biotecnología para la provincia de La Rioja, “sobre la base de un diagnóstico previo de la tendencia mundial en el cambio de paradigma de la producción de cultivos de oasis, los cuales han modificado su genética y pasaron a un manejo súper intensivo con labores mecanizadas desde su plantación hasta su cosecha”, cuenta el ingeniero y sigue: “esto hace que la genética no nazca de un vivero sino de técnicas de multiplicación por cultivo de tejidos, y por ende necesita instalaciones especiales como un centro de biotecnología”.

Benjamín Enrici

En este contexto, Enrici comenzó a observar el desarrollo y los usos de la industria del cannabis para uso medicinal, y llegó a la conclusión de que era un producto ideal para la provincia de La Rioja “porque genera una enorme rentabilidad, contratación de mano de obra y además es una industria limpia y dinámica que tiene un enorme valor agregado en medicina, suplementos dietarios, uso veterinario, etc”, asegura el especialista. Así nace Agrogenética Riojana Sapem S.A., una empresa con articulación público-privada (con participación estatal mayoritaria) que preside el propio Enrici. “Trabajar con un producto a la vanguardia de la medicina, con enorme desarrollo en biotecnología y alta rentabilidad, no solo reivindica el orgullo riojano afincando sus profesionales en esta actividad sino que le aporta a la provincia la autogestión económica y un buen ingreso de dólares”, afirma.

El proyecto de La Rioja contempla distintas etapas:

La primera es salud pública: por la distancia que tiene el destino con Buenos Aires “no cuenta con la posibilidad de llamar a organizaciones como ‘Mamá cultiva’ que te derivan a un cultivador solidario que te provee aceite y a un médico que te prescriba. Entonces, el riojano compra una aceite de pésima calidad en el mercado negro a cualquier precio y algo aún peor sin la posibilidad de que un médico recete la dosis adecuada”, asegura el ingeniero.

Por este motivo se trazó un plan dentro de salud con tres ejes:

1| Ensayo de validación de variedades de cannabis para uso medicinal: se plantará una hectárea de cultivo con variedades importadas con distinta composición de cannabinoides según uso médico y se las cultivará bajo distintas condiciones de manejo (riego, fertilización, tutorado, cobertura, etc.). Esto generará un know how para escalar el proyecto a nivel industrial utilizando las variedades de mejor rendimiento y calidad; y por otro, lado proporcionará materia prima para proveer al proyecto de investigación de fitoderivados a la Universidad de La Plata y a la Universidad de La Rioja y un aceite con trazabilidad para el Ministerio de Salud, que lo entregara de forma gratuita a pacientes.

2| Dentro del proyecto de investigación se hará la capacitación de médicos de La Rioja para que puedan prescribir en sus consultorios cannabis como herramienta paliativa y curativa.

3|Se harán, a través de la transferencia de know how de la Universidad de La Plata, análisis de aceite de terceros, es decir el que los usuarios compran en el mercado negro, decirles si es apto para consumo y qué composición tiene para que el médico pueda prescribir correctamente la dosis según patología. Esto es hasta que el Estado provincial tenga una producción propia.

Otra pata clave es la industria: La Rioja pretende un desarrollo federal que incluya a todos los sectores, desde el empresario hasta el pequeño productor y que con la participación privada y respondiendo a la dinámica de la industria del cannabis incorpore en los primeros años know how de actores que ya lo producen, que tienen sus diversos mercados en el mundo y saben evolucionar en valor agregado. Se evitarán los grandes monopolios y se priorizará a empresas medianas y pequeñas con gran expresión territorial en los 17 Departamentos de la provincia. Esto se lograría a través de:

1|Venta de licencias para explotación por privados: las cuales serían por tipos y categorías (producción primaria, producción primaria y valor agregado, compra y exportación, etc.)

2| Una empresa testigo del Estado provincial que compraría producción a los pequeños productores (que no pueden pagar una licencia) a los cuales se les compraría e industrializaría la materia prima y el mismo Estado la exportaría.

La Rioja iniciaría la etapa industrial con el otorgamiento de aproximadamente 50 licencias de una a tres hectáreas más una empresa testigo de 10 hectáreas. Esto generaría ingresos por venta de licencias y recaudación de impuestos el equivalente a lo que la provincia gasta en energía y fletes para el sector agrícola, “por lo que no solo generaría mano de obra sino que podría subsidiar costos de otras industrias para volverlas competitivas”, considera Enrici.

Gastón Morales

“Apuntamos a llegar a 2.000 hectáreas y a 8.000 puestos de trabajo todo el año”

Jujuy fue una de las 17 provincias que adhirieron a la Ley 27.350 sancionada por el Congreso de la Nación el 2 de marzo de 2017. Y fue la primera en la Argentina en pensar en un proyecto macro a largo plazo que cumpla con las premisas de producir cannabis con fines medicinales, generar empleo directo para más de 20 mil familias y obtener divisas a partir de la exportación de los derivados finales obtenidos. A dos años de la creación de la empresa estatal Cannava que siembra, cultiva y produce cannabis, se podría decir que los objetivos se van cumpliendo. Y con creces.

En la Finca “El Pongo”, un predio de 9.000 hectáreas ubicado a 30 kilómetros de San Salvador de Jujuy, el estado provincial destinó por ahora 35 hectáreas al cultivo y a la producción de 2.000 plantas de cannabis, cuyas semillas fueron importadas el año pasado desde Colorado, EE.UU.

El presidente de Cannava es Gastón Morales. Con él dialogamos sobre la actualidad de la iniciativa y los retos a mediano y largo plazo. “Llevamos dos años de gestión con este proyecto estatal, que nace con la visión que tuvo el gobernador de la provincia (Gerardo Morales) de encarar el tema como una política pública. Había dos salidas: o el Estado ponía en marcha procesos licitatorios para la adquisición de productos médicos producidos en el extranjero en países como Canadá, Uruguay, Israel, o encaraba el proceso de manera integral, es decir abordando la problemática desde el cultivo de la planta, su industrialización en laboratorio y la obtención final de un producto de grado médico de calidad y que cumpla con los estándares necesarios para garantizar el acceso seguro a las personas de un producto médico certificado”, cuenta Morales.

Así, Jujuy, a través de su sociedad estatal Cannava, fue haciendo escuela. Morales remarca la importancia de un sistema colaborativo que se fue creando a partir de sociedades con actores clave como el Ministerio de Salud de la Nación como autoridad de aplicación, la ANMAT, que lleva el control de la producción de medicamentos y también el INTA. “Cuando la provincia de Jujuy avanza con este proyecto se celebra un acuerdo de cooperación técnica y científica con el INTA a los efectos de poder llevar adelante todo el proceso de cultivo y producción primaria. Gracias a ese vínculo es que pudimos también superar algunos grises que existían en la ley y que existen actualmente”, admite Morales.

Luego se fueron sumando otros jugadores importantes como el Instituto Nacional de la Semilla (INASE), “con quien tenemos una relación de trabajo conjunto muy activa; ellos hacen las inspecciones en el área de cultivo” y el SENASA, “que interviene durante la importación de semillas”, explica el titular de Cannava.

La provincia norteña está en una etapa piloto que consiste, primero, en verificar la adaptación genética de la cepa importada, tanto bajo cubierta como a campo abierto. “Es importante verificar cómo se va adaptando la planta a las condiciones ambientales propias de la zona de los valles templados de Jujuy. La clave para la obtención de un derivado medicinal de cannabis tiene que ver con que el proceso del cultivo esté estandarizado. La idea es comenzar la etapa industrial en los próximos meses, es decir la extracción, para lo cual hemos adquirido los equipamientos que van a ser incorporados a un laboratorio para la obtención de los derivados finales de grado médico”, detalla Morales.

"El objetivo es consolidar a Jujuy como un polo de desarrollo productivo, científico y tecnológico vinculado a la industria del cannabis medicinal", cuenta el Gobernador de Jujuy, Gerardo Morales.

El paso siguiente tiene que ver con la escalabilidad del proyecto, con poder poner en marcha estas 35 hectáreas y a partir de ahí ampliar el horizonte. “Hay una necesidad de aportar a la transformación de la matriz productiva de la provincia, históricamente ligada al cultivo del tabaco y a la caña de azúcar, dos commodities que hoy están en un retroceso muy fuerte”, reconoce el presidente de Cannava.

Generación de empleo directo

En la provincia de Jujuy hay cerca de 20 mil familias que dependen del tabaco y la caña de azúcar. Con lo cual, la industria del cannabis puede significar una opción de diversificación. “Es una urgencia que la provincia pueda contar con otras alternativas de desarrollo para generar empleo directo de manera constante a lo largo del año ya que se pueden realizar dos ciclos de cultivo por año a campo y otros 3 o 4 bajo cubierta”, asegura Morales.

“Apuntamos a llegar a 2.000 hectáreas y a 8.000 puestos de trabajo todo el año”, confiesa. “También tenemos en cuenta los factores económicos. Las proyecciones apuntan a la generación de divisas a partir de la exportación de los derivados finales obtenidos. A este eje se le suma que ya no estamos hablando de una actividad agrícola primaria, sino que todo el proyecto tiene un lazo fuerte con el desarrollo científico y tecnológico. Es decir, estamos hablando de un proceso de cultivo que necesariamente incorpora ciencia y tecnología”, se entusiasma Morales. “Esto tiene que ver con el trabajo que viene haciendo la provincia en dos áreas fundamentales. Por un lado las energías renovables y por el otro posicionar fuerte a Jujuy frente a proyectos de aporte de valor agregado en la cadena del litio”, amplía.

“Estamos hablando de una planta que por la fuerte prohibición que tuvo a nivel internacional durante 80 años, no pudo ser una aliada de la ciencia. Hoy la tendencia es imparable y todavía hay mucho por desarrollar. Nosotros tenemos el objetivo de ir evolucionando conforme evolucione el abordaje científico. De esa forma vamos a poder consolidar un proceso que sea sostenible en el tiempo y también desde el punto de vista ambiental y económico”, concluye Morales.

Fuente: Ambito.com

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